La llegada planificada pero inesperada
Por: Pamela Licetti
Era una tarde de agosto, cuando de pronto entendí que era el momento que tanto había ansiado, me sentía extraña y un cúmulo de emociones desprendía de mi ser. Actuaba por propio instinto, era como si supiera qué hacer pero con cierto nerviosismo y miedo. Recordé los clásicos consejos y decidí empezar a experimentar lo que muchas ya sentían. Y así empezó mi labor de parto un domingo de agosto
El día anterior todos mis amigos me organizaron mi baby shower, un poco tarde pero estuvo muy bonito. Todo transcurrió normalmente hasta que las horas fueron pasando y mientras continuaba el festejo decidí irme a casa a descansar. Algo no estaba bien tiene una pequeña sensación que me inquietaba e incomodaba. Pensé, ¿ya es hora? pero el sueño me venció y caí en los brazos de Morfeo.
Al día siguiente, me levanté con una exaltación, como si hubieran puesto una alarma dentro de mí y confirmé que ya estaba sucediendo, que los nueve meses de espera habían terminado y no lo podía asimilar aún. No me desespere ni me puse nerviosa pero como dice el dicho:"mujer precavida vale por dos", decidí planificar todo. Dentro de una maleta coloque lo necesario: ropa de bebe, pañales, biberones y por último mis cosas.
Nadie me había dicho con exactitud cómo iba a ser esta primera vez, traté de imaginármelo muchas veces, las veces que mis tías, mamá y abuela me contaron sus experiencias pero fue en vano, esta era mi experiencia y no se comparaba con ninguna y pensar que cada minuto que pasa nace un bebé. Tome valor y avisé a mi familia que estaba por nacer mi bebé.
Mi casa se convirtió en un alboroto total, mi primera vez no era sólo mía, todos la habían tomado como experiencia propia y también fue la primera vez para mis papás, hermano y abuela en que verían a una nueva integrante de la familia. Traté de calmarlos, poner paños fríos antes de que a mí también me entrara el nerviosismo y decidí ir a mi cuarto para ver por última vez mi vientre, y claro no faltaron las respectivas fotos o mejor dicho los momentos "kodak" del día.
Mi mamá llamó a mi puerta y se acercó con un plato de sopa de dieta según instrucciones del doctor, aunque no tenía hambre pensé en que esta podría ser mi última comida del día y lo terminé por completo. Dejé el plato a un costado y me eche en mi cama, tenía una pereza inmensa y me desparramé en mi cama me sentía como Patricio de la serie Bob esponja estuve así por un rato hasta que sentí un dolor. Lo que hasta ahora era paz y tranquilidad se convirtió en una odisea, de repente todo se volvió confuso y me dí cuenta que los libros que había leído sobre parto y embarazo no colmaron mis dudas y miedos.
No dudé más en pedir que me llevaran a la Clínica y estar a salvo con los doctores, en el curso que llevé de psicoprofilaxis prenatal lo hacían ver tan fácil pero a la hora de la hora la mente se pone en blanco y sólo clamas por ayuda para que tu bebé nazca pronto. De pronto, ya me encontraba en sala de parto con ayuda de un dilatador. Hice el intento por terminar pero no pude más y el doctor dijo con una expresión de angustia: "tiene que ser cesárea urgente". Según me cuentan mis papás se pusieron muy nerviosos al saber que no era un parto normal y dieron todos los permisos para que se apresuraran en alistar la sala de operaciones.
Después de la epidural todo se hizo borroso y confuso pero sé que esta primera vez es la mejor de todas las primeras veces de mi vida, no salió del todo bien pero al final tuvo su gran recompensa mi bebé.
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