No tiene riquezas, no tiene propiedades ni mucho menos es el rey del reciclaje. Se llama Florencio y es un reciclador de basura, que día a día encuentra en los desperdicios de los demás una oportunidad para salir adelante.
Por Pamela Licetti
Para muchas personas, vivir de la basura puede resultar muy desagradable y hasta a veces repulsivo pero no lo es para algunas otras, que recurren a esta profesión recientemente reconocida y muy mal remunerada en nuestro país. Tener que recoger miles de objetos de las calles y llevarlos consigo todo el día, para así conseguir algún sustento en el hogar suena una pesadilla. Esa es la realidad de tantas personas que por no tener estudios ni oportunidades en la vida vieron del reciclaje una manera de sobrevivir.
Para Florencio Hurtado, un hombre de pequeña estatura y piel morena, por los maltratos del sol, recoger basura para luego reciclarla es una tarea que hace todos los días desde hace más de veinte años aproximadamente. Cuando se dio cuenta de su realidad y al ver que su padre los abandonó dejándolos solos a él y a sus cuatro hermanos con su madre en precarias condiciones, decidió buscar que hacer para ayudar en su hogar.
Ese día no salió el sol, parecía que iba a llover Florencio cogió su bolsa de malla y salió de su humilde casa. Un día antes había llovido y la humedad trajo a miles de mosquitos que hasta se podían ver como nubes de ellos revoloteando por los cielos. Este pequeño hombre estaba muy callado como si algo anduviese mal. Botas por acá, papeles por acá, y el día pasaba muy lento. Hizo una pequeña parada en un puesto de abarrotes frente al mercado principal, bajo su costal con mucho cuidado y llenó muchos envases de plástico agradeció con una media sonrisa y siguió de frente hacia la avenida principal que desembocaba en la Carretera Central. Se llenó rápidamente las manos de papeles sucios y arrugados que estaban al borde la pista y los llenó rápidamente antes de que el viento le jugara una mala pasada. Ese carisma que lo hacía especial había perdido su brillo, esa sonrisa que esbozaba ya no era la misma.
Fue dando vueltas por casi toda la ciudad de arriba para abajo y de abajo para arriba como si fuese una súper máquina recogedora de desperdicios, la ciudad a su paso quedaba limpia y para él era reconfortante recoger cada pedazo de basura que para muchos otros no les había dado remordimiento en tirar al suelo. Los tachos públicos eran revisados con mucha cautela y misterio, como quien quiere sacar el número premiado del gran sorteo. Luego de caminar un buen rato y de por lo menos tener lleno más de la mitad del costal, Florencio se sentó bajo la sombra de un gran árbol que estaba al comenzar el parque. Miró su celular y vio la hora, era de esos antiguos que hace muchos años eran la sensación, pero ahora estaba todo gastado y con los botones despintados. Tomo prisa y se incorporó rápidamente a seguir su largo camino ahora por el coliseo Carmela Estrella, hoy hay un partido de vóley entre dos equipos muy conocidos en Chosica y es escenario propicio para tener algunas botellas de más. Mientras la gente hacía su cola y transcurría el espectáculo, recogía los desechos que había dejado la multitud de personas en su afán por entrar y después de finalizar la gente salió rápidamente como quien participa de un simulacro nacional y fue el momento que Florencio aprovechó e ingreso por la puerta lateral con una agilidad comenzó por lo más importante, las botellas.
Al atardecer, se dispuso a ver lo que llevaba en el costal miraba con aprobación y es que hoy era un día excepcional no tenia uno, tenía dos costales. Sus hijos ni su esposa lo buscaron, él estaba sólo lo único que hizo después fue dar por concluida su día de trabajo y fue al acopio de reciclaje principal. A sólo unas tres cuadras que caminó apresuradamente estaba dicho lugar, no había nadie más, era temprano para concluir la faena y se dispuso a bajar lo que llevaba. Recibió la paga, que esta vez sí era gratificante y oportuna. “Tengo que ir a ver a mis hijos” dijo Florencio, mientras iba de regreso a su casa. Yo me dispuse a acompañarlo mientras él me contaba que estaban solos con una vecina que los veía de rato en rato. Al llegar, después de subir una gigantesca escalera, me hizo esperar afuera de su casa. Una señora muy amable salió y me dijo: “Pobre señor, su esposa se ha ido con otro”, “esa Nelly había resultado todo una joyita”, hablaba en referencia a su esposa.
Cuando salió Florencio, estaba con la cara llorosa y muy triste “Mis hijos están solos, mi mujer se ha ido de la casa y no va a regresar. Ahora tengo que ser padre y madre para mi hijos”, dijo el pobre hombre. Que no dudó dos veces para tener que hacer frente a la situación y seguir adelante. “Este es sólo un obstáculo, mis hijos van a seguir adelante y progresar, esto no va a ser ningún impedimento para ellos”, dijo mientras me invita a tomar un pequeño lonche en su casa. Sus pequeños hijos ponen la mesa, unas tacitas de plástico de diferentes colores adornan el mantel blanco y unos panes con mantequilla aparecen rápidamente. Florencio hablaba mientras que sus hijos murmuraban entre ellos, hablaba de progresar, de ser alguien en la vida, de pronto sus hijos lo empezaban a mirar y escuchar con mucha atención como si fuera la noticia del día.
Después de una grato lonche, dejé a Florencio en su casa un una desazón y tristeza por lo sucedido, me alejé y descendí las gradas viendo las manos de sus pequeños hijos despidiéndose de mí.
Ese es Florencio, un gran hombre, sencillo y de gran corazón, que pese a las adversidades y del trabajo que hace día a día como reciclador, reúne la fuerza suficiente para sacar adelante a su familia, recogiendo desechos y sobreviviendo de ellos al venderlos. Sin duda, este es el ejemplo a seguir para muchos hombres que se derrumban ante cualquier circunstancia de la vida, sin ver que alrededor hay peores casos y pese a esto no se dan por vencidas.


